Santa Marta y yo

La última vez que fui a Santa Marta viví experiencias únicas. Si se están imaginando experiencias como borracheras y romances furtivos están bieeen lejos de lo que realmente me pasó.

Todo fue de mal en peor. Narraré los sucesos en orden cronológico.

Primero: el apartamento al que llegué tenía una fuga de gas entonces durante dos días tuve que aguantarme un olor que, juro por mi mamá, todavía está impregnado en algunas de mis camisetas. Cuando se fue el olor pensé: “bueno, ya todo es perfecto”… pero estaba equivocada.

Segundo: al tercer día estaba feliz en la piscina. Pero mi felicidad se convirtió en curiosidad cuando vi venir una pequeña figura negra nadando hacia mí rápidamente. Luego mi curiosidad se convirtió en pánico cuando me di cuenta que la figura era un sapo (que les juro era del tamaño de un pequeño perro). El pánico me hizo gritar y alteró mi percepción del tiempo; todo pasó muy rápido. Sólo sé que grité y, como quería pararme para salirme de la piscina y huir del sapo-mutante, apoyé mi mano en una escalera de la piscina. En ese momento mi pánico se convirtió en asco porque descubrí que mi mano se había posado encima del sapo. Del asco quité la mano muy rápido y la raspé con un borde de la piscina.

Tercero: todavía estaba un poco nerviosa por mi incidente con el sapo, entonces decidí relajarme en la playa. Después de caminar un largo rato encontré una desembocadura y pensé: “listo, este es el paraíso”. Estaba ahí, sonriente, mirando el atardecer, viendo cómo un señor pescaba, viendo cómo un niño tiraba piedritas al río… y el niño captó mi atención… miré embobada cómo se divertía tirando piedritas. Mi embobamiento estaba acompañado de una sonrisa gigante (es decir, tenía la jeta abierta) y en esas una de las piedritas destinadas al río dio a parar en mi boca. Todo el mundo empezó a gritar, corrieron hacia mí pensando que depronto el niño, sin intención, me había sacado un ojo o algo. Yo sólo me cubría la boca con las manos… sabía que algo malo había pasado. Cuando por fin me quite las manos de la boca descubrí que en ellas yacía un pequeño pedazo de diente. El maldito juego de ese niño, y mi sonrisa de idiota, resultaron en que la piedrita me partió la punta izquierda y una parte de atrás de uno de mis dientes. Ah, y no fue cualquier diente… fue uno de los dos del frente.

Cuarto: decidí que tal vez lo mejor era no salir del apartamento. En ese punto estaba ya considerando seriamente la posibilidad de que me estaba pasando algo estilo Destino Final. Entonces, me quedé. Vi televisión, comí como una cerda, fui feliz: no había sapos ni niños con piedras que tumban dientes. Ya como a las 2 de la mañana me dio sueño y me fui a lavar los dientes. Cogí mi cepillo, le eché la crema dental y me lo metí a la boca. Empecé a frotar mis dientes… pero algo raro pasaba… no sentía que la espuma se estuviera generando… no había nada, sólo crema viscosa. En ese momento caí en cuenta de que tampoco estaba el sabor a crema dental. Fui caminando al baño pensando “¿será que en Santa Marta la gente se echa otro tipo de cremas dentales?” y cuando llegué al lavamanos cogí la crema y leí con horror lo que decía, letra por letra: C-a-n-e-s-t-e-n-v-a-g-i-n-a-l. Creo que batí el récord de velocidad de expulsión una sustancia de la boca. A alguna chistosa se le había ocurrido que era buena idea combinar productos de higiene personal con productos de higiene bucal.

Quinto: después de seis días, mareada por el olor del gas, con la mano raspada y untada de sapo, con el diente partido y la boca llena de Canesten Vaginal decidí devolverme.

Van diez años y no he vuelto a Santa Marta.

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2 thoughts on “Santa Marta y yo

  1. Te digo algo, mi vida es así, sólo que no tengo que salir de la ciudad como para que me pasen cosas como que una hormiga cachona (diría que es mutante pero la vi por .5 segundos) haya enloquecido debajo de mi camisa y me haya vuelto mierda la espalda y el brazo, eso bajándome de una buseta, o que mi cama se haya caído de las termitas, pero haya sido la única madera a la que le dió en la casa. Me gustó mucho tu blog, sólo porque te pasan cosas que creí únicas de mi vida.

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