Castigos

Hace poquito leí que cuando Sor Juana Inés de la Cruz no lograba memorizar su lección, se cortaba cinco o seis dedos de pelo. Y, aunque espero que ahorita nadie use esa técnica de automutilación capilar, caí en cuenta que mucha gente hace eso: castigarse ―o al menos prometerse un castigo―cuando no cumplen algo.

Conozco personas que se hacen promesas a sí mismos  y la forma de asegurar su cumplimiento es un castigo: “Tengo que leer este libro y si no he terminado antes de las 11 no prendo el computador”. No entiendo cómo funciona esa técnica; no sé si es el miedo al castigo lo que los hace cumplir su promesa o si es masoquismo lo que los hace no cumplirla.

Por mi parte, lo he intentado muchísimas veces: “dejaré de chupar dedo si tal cosa”, “no voy a prender el computador si tal otra”, “no tomaré Coca Cola si no logro esto” y castigos de ese estilo han pasado muchas veces por mi cabeza. El problema es que mi adicciones terminan inevitablemente rompiendo mi voluntad de castigo.

En fin, lo que quiero decir es: te admiro Sor Juana o Sor Juana Inés o como sea que te digan de cariño. De vez en cuando me vendría bien un castigo.

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