Propiedades de la materia 1: masa, peso, volumen.

Mi mamá tenía anemia cuando estuvo embarazada de mí. Por eso, cuando nací era una cabeza gigante con unas extremidades raquíticas, y así fui toda mi vida: flacuchenta.

A los 6 años, mi mamá, en un intento cruel por hacerme superar mi miedo hacia el agua, me metió en natación. Nadé desde los 6 hasta los 17 años, y por ahí a los 14 empecé a coger un poquito de masa muscular. Seguía siendo flacuchenta pero tonificada, al menos.  A los 15 años, una niña mayor de mi equipo dejó de nadar como por tres meses; cuando volvió me dijo algo a lo que le debí haber prestado mayor atención: “nunca se salga de esta vaina, todo se daña”. Y digo que debí haberle prestado más atención porque a los 17 años me salí de natación y fue cuando empezó la decadencia.

El propósito de este post no es quejarme; estoy cómoda con mi cuerpo, me gusta. El problema es que antes me encantaba. Siempre había sido una de esas personas que puede tragar como camionero y no engorda. Cuando estaba en natación, no engordaba gracias a que entrenaba mínimo tres horas diarias. Después de natación, creo no engordé gracias a un trato que hice con el demonio. El propósito es más bien hablar del cambio de las propiedades de la materia a lo largo del tiempo.

Creo que mi trato con el demonio llegó ya a su fecha de expiración. Es algo que toda la vida me habían advertido: “usted cree que va a poder seguir tragando por siempre de esa forma sin engordar, pero va a llegar un momento en el que se le acabará el reinado”. Y se me acabó. Ahora estoy en esa maldita etapa de la vida en la que si uno quiere tener buen cuerpo, o que al menos la masa de uno no ocupe un espacio tan grande, le toca ir al gimnasio. Maldigo una y otra vez.

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5 thoughts on “Propiedades de la materia 1: masa, peso, volumen.

  1. Me pasó exactamente lo mismo, solo que a mí la dicha me duró menos. Yo hacía aeróbicos 3 veces por semana y nadaba los sábados y los domingos, como es de esperarse, tragaba como una marrana y no engordaba y, modestia aparte, tenía muy buen cuerpo, pero uno cree que nunca va a engordar, y tómala, porque a los 15 años me subí 16 kilos en 3 meses, y aunque me demoré un montón bajándolos, los bajé, tarde pero los bajé, pero tómala (otra vez) porque el cuerpo no es el mismo, y como dices, ahora toca a punta de gimnasio. ZZZzzzzz

  2. Horror. Especialmente cuando tras comer como si no hubiera un mañana, mi tesis me lo recuerda constantemente. Yo dejé el gym… pero tendré que volver. Y si, el cuerpo no es el mismo. Mi ropa me lo dice… a veces a gritos

  3. A mi esto me suena a exageración, no creo que usted esté en condiciones como para encender las alarmas de este modo. Si bien es cierto el cuerpo sufre el paso de los años, a mi me sirvió para que la papada me disimulara las orejas.

    Otra cosa es que uno no se puede dejar tomar ventaja de la barriga, porque termina siendo un gordito buena gente. Y el tema del ejercicio es algo de disciplina, recuerdo una vez que mi novia con toda la energía del mundo pagó el gimnasio. Al otro día, a las 5 am sonó el despertador y yo la ‘codié’ para que se levantara y se fuera; y se enojó, dijo “como no eres tú el que se va a levantar”. Fíjese, las ironías de la vida.

  4. Me pasó lo mismo, también entrenaba natación desde los 6 años y también me engordé hace relativamente poquito. Ahora tengo un cuerpo que me gusta y antes uno que me encantaba. Fue difícil aprender a aceptar el tiempo.

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