Decir las cosas

Las palabras están subvaloradas. Se supone que una simple imagen dice más que mil de ellas y que, además, se las lleva cualquier ráfaga mediocre. El común acuerdo es que uno no debe decir cosas si no las siente y que, por lo general, se debe abstener de hacer promesas y más bien debe actuar de acuerdo con lo que siente. Pero desde hace un tiempo me he dado cuenta de la importancia de decir las cosas en dos tipos de situación:

La positiva

Hace un tiempo salí con un tipo que me gustaba mucho; era de esos que sirven para hablar y para darle besos. Luego de salir por unos meses la cosa se acabó y, como todos, se volvió un buen amigo. Meses después de haber terminado nuestro cuento, caí en cuenta de algo: que nunca le dije que me gustaba. O sea, nos conocimos, empezamos a hablar, nos gustamos, nos dimos besos, salimos, terminamos; pero en todo ese trayecto las palabras “me gustas” nunca salieron de mi boca.

Yo creía que era obvio que le gustaba porque… pues… se me notaba, no sé, pero después de seis meses hablé con él sobre eso un día y me dijo que no, que no era obvio, que durante esos meses creyó que estaba saliendo con él porque sí, como de desparche. Ahí me di cuenta: hay que decir las cosas. Así como a mí me gustaba que él me dijera las razones por las que yo le gustaba, lo normal habría sido que yo se lo dijera. Pero no lo hice, y no porque me abstuviera de hacerlo ni porque me diera miedo, sencillamente no se me ocurría.

Obviamente no defiendo la situaciones extremas en las que se han metido amigas mías (“él me dice que me ama pero me ha tratado como un culo”) o amigos míos (“la vieja aparece cada dos meses, me da besos, me dice que me extraña y que me ama pero luego vuelve a desaparecer”). No estoy abogando por el uso de las palabras porque sí, como para sacar provecho de ellas. Estoy es defendiendo las palabras como un refuerzo de las situaciones: como una exteriorización de lo que se está pensando —porque generalmente la gente no tiene ni puta idea de lo que uno está pensando.

La negativa

En esta sí soy una dura pero mucha gente que conozco no. He sido testigo de esta situación: a un amigo le gusta una vieja, hablan, empiezan a salir, salen más, salen otro poquito más y después, por razones que varían en cada caso, él ya no quiere salir más con ella. En esos casos mis amigos siempre me dicen “bueno, qué hago? dejo de llamarla y me voy desapareciendo de a poquitos, no?” y mi respuesta siempre es un “no” gritado y acompañado de un regaño.

Cuando les pregunto, las razones por las que se van desaparenciendo de a poquitos pueden ser dos:
1) Por cobardía: siempre será incómodo terminarle a alguien y es preferible evitar las confrontaciones, sobre todo cuando ya han tenido encuentros con viejas que les lloran o les hacen show.
Pero si sólo están saliendo con las viejas, la probabilidad de que les lloren o les partan el vidrio de la portería de su edificio mientras lloran y gritan es muy baja.  Ahí es que entra a jugar el segundo punto:
2) Por ser “queridos”: así no tengan pruebas, siempre van a creer que las viejas van a reaccionar mal a esas terminadas y, entonces, en sus cabezas la forma más dulce, caballerosa y poco hiriente de sentimientos es ir cambiando sutilmente para que ellas se den cuenta solas de que todo cambió.
Pues no. Eso está mal hecho. Pésimamente hecho. No soporto ver a mis amigas desesperadas por la incertidumbre de no saber qué es lo que le pasa al tipo que les gusta, y tampoco soporto ver a mis amigos convertidos en cobardes que no son capaces de decir lo que piensan.

Yo, probablemente, soy una cobarde también a mi manera, pero a eso me refiero: todos deberíamos salir ya de nuestras comfort zones y empezar a decir lo que pensamos y sentimos cuando toca.

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9 thoughts on “Decir las cosas

  1. Juliana, eres extraordinaria escribiendo. Tus tuiter son magníficos y me alegran siempre el día (más bien la noche, con la diferencia horaria de España). Tu blog es estupendo. No lo dejes nunca. @JavierVizoso

  2. ._. entré por mera casualidad a éste blog y me di con la grata sorpresa que escribiendo eres fantástica y sí, también me ha pasado eso, es verdaderamente incómodo por no decir que me atormenta draconianamente la mente y los sentimientos, mis amigos le llaman empatia, yo lo llamo cojudez, en fin, éxitos!

  3. Hace algunos meses leí un experimento que hizo una profesora de una universidad gringa, sencillo y pragmático como todo lo gringo.

    Se trataba de reunir estudiantes universitarios en parejas y pedirle a uno de ellos que tarareara una canción, mientras que el otro debería tratar de adivinarla.

    Como resultado se obtuvo que quien tarareaba no entendía cómo el otro era incapaz de adivinar, si -según él- era tan fácil.

    Este post me recordó eso, que se parece en cierto modo a las conclusiones del experimento y tiene que ver con la comunicación, aunque especialmente en los procesos de enseñanza – aprendizaje: cuando uno quiere expresar algo parte de que lo tiene claro en su cabeza y que el otro lo entenderá. Según la profesora, ese es el error: suponemos mal. Creemos que por el hecho de tener las cosas claras en nuestra cabeza vamos a ser capaces de transmitírselas al otro y hacernos entender.

    Y ahí es donde se hace la relación con este post: en toda relación humana hay comunicación y uno debe tratar de hacerse entender; las cosas hay que decirlas además, todos necesitamos escucharlas en la medida en que no sepamos cómo carajos comunicarnos con telepatía.

  4. (…) No estoy abogando por el uso de las palabras porque sí, como para sacar provecho de ellas. Estoy es defendiendo las palabras como un refuerzo de las situaciones: como una exteriorización de lo que se está pensando…

    (…) Yo, probablemente, soy una cobarde también a mi manera, pero a eso me refiero: todos deberíamos salir ya de nuestras comfort zones y empezar a decir lo que pensamos y sentimos cuando toca.

    Parcera, gratamente me voy sorprendiendo de la calidad y la profundidad en el nivel de síntesis que tienen sus percepciones.

    Aprovechando el carisma de su post, no voy a ser majadero al decirle que es una excelente escritora… creo que puede serlo si a su sentir perspicaz le agrega toda esa teoría de la escuela antigua.

    Métrica, ritmo, regularidad, simetría, rimas, los acentos, las entonaciones, las pausas, las versificaciones, los paralelismos, las aliteraciones que son los efectos puramente auditivos, en fin… todas esas figuras que te pueden llevar a que cuando estes arrugaita solo estes pensando en escribir tu opera maxima.

    Aclaro, que no soy yo quien sabe utilizarlas todas y nisiquiera mas que alguna en profundidad.

    Muy respetuosamente.

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